Cargando...

Soy fangirl de K-Pop

Texto por Constanza Jorquera. Este post se basa en los episodios 97 y 98 de nuestro podcast Té con Sorité, así como en el capítulo que escribí para el libro "Pourquoi la Corée ? - K-pop, K-drama, K-food... comment elle a changé leur vie", editado por Ophélie Surcouf.

Cahyani y Purnamasari (2018) definen el "Fangirling" como el "comportamiento o todas las formas de actividades llevadas a cabo por fanáticas femeninas (fangirl) en términos de mostrar un sentido de amor por celebridades idolatradas, como escuchar música, ver dramas y películas, ver conciertos, comprar álbumes, comprar merch relacionada con su artista favorito, etc" (p. 168). Al tener un grado de empatía tan profundo, les fans sienten lo que sienten las celebridades, desde compartir los triunfos hasta asumir los momentos difíciles como propios.
Un problema importante en la misoginia y la violencia hacia las mujeres es la trivialización nuestros intereses, comunidades y las emociones que los rodean, pues son juzgadas como superficiales y sin profundidad intelectual. La idea de "mujeres histéricas" asociada al fanatismo musical se remonta a mediados del siglo XX con el auge de The Beatles y evolucionó al concepto de "fangirl" en sentido peyorativo y marcador de identidad, pues categorizar un producto cultural como hecho para adolescentes es la forma más fácil de menospreciarlo, pues refuerza argumento de que las fanáticas presentan determinados comportamientos por la falta de madurez, incapacidad de poder de agencia y carencia de sentido de la realidad.
No olvidemos que en el siglo XIX, la "histeria" era un trastorno mental femenino, del cual hablamos en el episodio T4E70 de Té con Sorité llamado "Histeria y locura femenina", el cual aún permanece en el imaginario colectivo y se tiende a patologizar cualquier expresión de emociones por parte de las mujeres, desde la euforia y la alegría hasta la rabia, lo que actualmente se ha popularizado en redes sociales como "female rage".
Los fanáticos del fútbol u otros deportes competitivos, en su mayoría hombres, rara vez son criticados de la misma manera que las mujeres, pese a que han protagonizado diversos episodios de violencia, desórdenes en estadios y vía pública, hasta crímenes. Tampoco se les cuestiona cuando gastan sumas altas de dinero en entradas a partidos, viajes, televisores gigantes, mientras que una fan de K-Pop es juzgada y ridiculizada por comprar photocards, lightsticks y adquirir al igual que un hombre las entradas para ver a los grupos que le gustan.
Asimismo, si a una mujer le gusta un género, artista o cualquier artefacto de entretenimiento con un fandom predominantemente masculino es víctima de mansplaining, porque siempre aparecerá ese hombre que intentará ponerte a prueba para demostrar que si eres una fanática de verdad, para luego explicarte lo que en su percepción no sabes o entiendes de forma incorrecta.
Puede ser inmensamente emocionante y gratificante ser una fan del K-Pop, ya que fomenta un sentido de comunidad y una relación cercana con otras personas alrededor del mundo. No obstante, puede tener su propio conjunto de dificultades, especialmente cuando se problematiza desde el feminismo y las interacciones parasociales.
Centrándonos en la relación con las celebridades, la adoración y la idolatría surgen a partir del asombro que producen las celebridades por su belleza, talento y cautivante personalidad, y que según los estudios se presenta más intensamente en periodos de la vida donde establecemos nuestra identidad y sentido de realización. Convencionalmente, el fanatismo alcanza su punto máximo en la adultez temprana para ir decreciendo en una etapa donde alcanzamos la independencia personal y económica, y consolidamos relaciones interpersonales íntimas que nos llevan al compromiso y formar una familia.
Sin embargo, no todas las personas siguen el patrón de lo que se espera de la heteronormatividad de la vida adulta y tampoco es excluyente nuestro fanatismo si ya tenemos nuestra propia familia, aunque las prioridades y disponibilidad de recursos pueden cambiar. Como sea, las personas adultas pueden ser funcionales, exitosas y vivir sus fanatismos de forma saludable, siendo éstos un aporte a la vida, no un perjuicio como ocurre en casos extremos de devoción incondicional, fomentado por un ambiente virtual y material de expectativas exageradas y adoración patológica de celebridades.

Am I K-razy? Convirtiéndome y reconociéndome como fan de K-Pop

El fenómeno del K-pop siempre ha estado sujeto a la retórica racista, xefonóbica, orientalista y sexista, lo que se refuerza con el edadismo, capacitismo y la violencia de género, llevándonos muchas veces a ocultarlo y avergonzarnos, internalizando los prejuicios hacia nosotras mismas y quienes nos rodean.
Todo esto complejiza más la vida de la fangirl, puesto que es un fenómeno estudiado desde mediados del siglo XX con el éxito de Elvis Presley y The Beatles, fenómeno conocido como "Beatlemanía" y sobre el cual reflexionaron varios intelectuales y científicos prestigiosos, que contribuyeron a la patologización y al canon de que el fanatismo era hormonal y sin contenido, discusiones que ocuparon nuevamente la opinión pública en los noventas y primera década del dos mil.
Desde que tengo memoria me gustaron las boybands, luego el britpop, j-rock, visual kei, música gótica y hasta un poco de lo que se considera "emo". Sumado a que crecí viendo anime, nunca fue extraño para mi ver a hombres que escapaban de los cánones tradicionales y occidentales (incluyo a la figura del "macho" latinoamericana tan común en las telenovelas) y expresaban sus sentimientos, que parecían fluir entre los rígidos límites de lo masculino y lo femenino, a través de la ropa, el pelo y el maquillaje, de modo que naturalmente me sentí atraída por la propuesta visual y estética del K-Pop en la adultez. Es muy común que al mostrarle un video de K-Pop a personas por primera vez, especialmente hombres, su atención se vaya inmediatamente al maquillaje de los idols y lo estrafalario de los vestuarios y sets, lo cual me parece fascinante.
Además, soy una persona que siente todo muy intensamente y soy fanática a muerte de las cosas que me gustan, apasionándome a un nivel donde no sólo puedo hablar de eso todo el día, sino que se convierte en una herramienta de validación de mi identidad y apoyo emocional. Cuando me hice fan de K-Pop tenía alrededor de 25 años, de modo que escapaba completamente del estereotipo adolescente que hasta hoy persiste y, en cierta forma, agradezco que ocurriera en ese momento de mi vida cuando mi cerebro estaba completamente maduro y mi personalidad completamente formada.
Todo empezó cuando me enviaron un par de links de YouTube con unos videos musicales de K-Pop; fue el segundo semestre de 2014, lo sé, porque tengo muy buena memoria. Primero vi Catallena de Orange Caramel y me sorprendió cómo chicas jóvenes envueltas en plástico como piezas de sushi podían verse tan bien. Era tan extraño que no podía tomarlo en serio y a la vez estaba encantada, y siempre me ha gustado el tipo de arte que para los demás puede parece freak o chocante.
Luego vi Growl(으르렁) de EXO y en verdad lo tuve que ver unas veinte veces para poder distinguir a los doce miembros. Me gustaban las boybands cuando era pequeña, pero esto era a otro nivel. Todos parecían personajes de anime bailando perfectamente sincronizados, pero uno llamó mi atención más que los demás, porque tenía el pelo plateado y me recordaba a Mamoru de Sailor Moon..y ese fue mi primer bias.
Varias veces escuché frases del tipo “tú no eliges tu bias, tu bias te elige a ti” y “una vez que entras al mundo del K-Pop, ya no hay vuelta atrás, solo seguir metiéndote cada vez más profundo”. No parecen frases muy inofensivas que motiven a una persona adulta con una vida profesional a meterse voluntariamente a esto, pero siempre he sido algo obsesiva y genuinamente, todo este mundo me divertía y me hacía sentir feliz. Quizás ese es uno de los factores que me llevaron a ser tan buena estudiante siempre, buscar cosas nuevas y ponerme objetivos que logro sin importar demasiado las consecuencias y no paro hasta que los consigo.
Desde un par de años había empezado a usar productos de skincare coreanos y como en ese tiempo no era usual para mí comprar online, iba constantemente al Barrio Patronato y también me había empezado a gustar la comida coreana más popular con la que todos empiezan su aventura por la gastronomía coreana, como la parrillada coreana, kimbap, bibimbap, etc.
En ese tiempo solo habían un par de supermercados asiáticos, un café y un par de restaurantes coreanos. Como conocía a una o dos personas a las que les gustaba el K-Pop o la cultura coreana en general, me vi yendo varias veces a la semana a Barrio Patronato haciendo el mismo recorrido, almorzando en los mismos dos o tres restaurantes coreanos con alguna amiga que quisiera acompañarme, comprando muchas cosas y ya la dueña del supermercado más grande, una señora joven china muy amable, me conocía y me mostraba las últimas cremas y mascarillas coreanas que habían llegado.
Me pasaba las noches viendo videos, variety shows, leyendo todo lo que pudiera y conociendo a nuevos grupos, aunque mis favoritos eran EXO, Super Junior, Girl´s Generation y luego BTS. También veía muchos videos en YouTube sobre rutinas de skincare y maquillaje coreano, era todo tan nuevo y fascinante, además ¿quién no querría tener una piel tan perfecta como la de los coreanos?
En esa época, ser una persona adulta, con una profesión y trabajo serio, era contradictorio con el K-pop y los K-dramas, pero no el maquillaje u otros productos. Ahora que ha cambiado, incluso podría decir que en Chile, para les jóvenes, que te guste el K-Pop es casi algo genial y eso me hace muy feliz.
Me preguntaba qué había detrás de una industria tan bien planeada y cómo podía ser tan popular al otro extremo del mundo, en Chile. Así como me estaba especializando en estudios asiáticos por mi misma en mi master, quería empezar a tomarme en serio esto de investigar a Corea como objeto de estudio y especializarme en ese campo también. Como ya estaba estudiando chino mandarín, comencé a estudiar coreano en el Instituto Rey Sejong en Santiago en marzo de 2015, y noté que la mayoría de mis compañeras eran mujeres y fanáticas del K-Pop.
Al principio me sentí muy incómoda, porque no entendía nada de lo que hablaban o cómo podían hablar de grupos todo el día (mirá de quien te burlaste, Constanza, mírate ahora), cuando decían que su único objetivo en la vida era ir a vivir a Corea y conocer a sus idols favoritos, trabajar en lo que sea, porque allí serían comprendidas y felices.
"¿Me estaré volviendo loca? No quiero convertirme en una fan irracional". Esa era una idea muy negativa que estaba en mi mente, me arrepiento y siento vergüenza por ello, porque hoy estoy criticando la discriminación hacia las personas fanáticas del K-Pop y yo también lo hice. Yo misma me restringía ante la posibilidad de convivir públicamente con mi profesión en un entorno muy tradicional y masculino, disfrutar de todos los artefactos de la ola coreana, mientras intentaba que me tomaran en serio como académica e investigadora...porque sí, sufrí burlas que quizás los hombres que las hicieron no consideraron lo mucho que me afectaron y que recuerdo hasta hoy.
- Constanza, ¿te gusta el K-pop? - me preguntó mi profesora de coreano en una clase (era un par de años mayor que yo).
- Mmm si, algunos grupos - y todos mis compañeros me miraron raro.
- ¿En serio? ¿Cuáles? Nunca lo hubiera esperado de ti.
- Me gustan mucho SNSD, EXO, BTS y Super Junior.
- ¡Oh, yo también! – me dijo con una gran sonrisa.
Y eso fue todo. Yo era parte de ese mundo que funcionaba como un club o algo así, tenía reglas, códigos y símbolos. En las conversaciones con mis compañeras me contaban lo mucho que gastaban en albumes de K-pop, merch, ropa y props en el caso de las que participaban en grupos de dance covers con los que concursaban casi cada sábado. Esto último me parecía muy interesante y valioso, porque su determinación y compromiso por mejorar y dar lo mejor de sí es un aspecto positivo de les fans de K-Pop que las personas que no conocen este mundo ignoran.
Si bien me agradaban mucho y establecimos una relación de compañerismo muy especial y con un par somos amigues hasta hoy, no podía evitar usar esta especie de dispositivo de cientista social que tengo en mi cabeza para analizarlas casi como informantes claves, porque eran quienes me iban dando más y más información de cómo funcionaba el mundo del K-Pop no solo a nivel general, que era lo que yo estaba investigando por mi cuenta, sino de lo que ocurría en mi ciudad y mi país, lo que me llevó a escribir y publicar al respecto.
Como en una película adolescente estadounidense, en este ecosistema K-Pop local había bandos, chismes, muchos fandoms diferentes por grupos y por cada miembro de ellos, se hacían competencias de grupos de dance covers, cada vez más gente se dedicaba a vender productos relacionados con el K-Pop en internet y cada vez que hacía mi recorrido hacia Barrio Patronato veía cómo se abrían más supermercados, más restaurantes, más cafés y estaban cada vez más llenos de fans.
No me extenderé tanto con mi propia experiencia como fan e investigadora del Hallyu, lo cual ha sido un viaje fascinante (literal, porque pude viajar a Corea dos veces en 2017) y una experiencia de vida que no cambiaría por nada, pero todes sabemos que los artefactos culturales del Hallyu, especialmente el K-Pop, se masificaron exponencialmente desde 2018-2019 y con la llegada de la pandemia.
Las personas somos seres sociales y pasar repentinamente al aislamiento, en medio del temor, la soledad y la incertidumbre, hizo que buscáramos formas de mantenernos conectades y con esperanza, entendidas como ingredientes de la resiliencia. La gran herramienta y medio fue internet, lo que fue la combinación perfecta para que la industria del K-Pop no solamente resistiera y sobreviviera, sino que se globalizara y ampliara aún más.
Inevitablemente, estas personas cuyo trabajo es entretenernos, hacernos felices y motivarnos a consumir para que sus agencias sigan acumulando dinero, y de paso ser una piedra angular de la diplomacia cultural de su país que permita incentivar la inversión, el turismo y relaciones internacionales virtuosas, se transformaron para muchas personas (y lo aumentó para quienes ya estábamos en esto) en una fuente de contención, alegría y apoyo en los niveles más profundos de nuestra salud mental.
Mi mente hipster inevitablemente se sintió algo invadida, no pude evitarlo, y caí en esa paradoja de sentirme por fin validada y feliz, porque ya no éramos bichos raros sujetos a burlas, discriminación y hasta acoso, pero fue como si me arrancaran una parte del corazón, una parte que consideraba mía. Era como si todas esas personas que nos despreciaron y se burlaron se apropiaran de algo tan valioso y constitutivo de nuestras vidas solo porque era popular y atractivo (inserte escena del auto de la película Parasite)...y reconozcamos que todes caímos perdidamente enamorades por estas y estos Idols que encarnan la belleza sublime y el talento en formas desconocidas.
Por supuesto es egoísta y contradictorio no solo con mi personalidad, principios y creencias, sino que se opone a lo que la misma industria persigue. La cultura popular, a cruzarse con el capitalismo, se puede convertir en cultura de masas y eso es idóneo para el K-Pop.
Para qué voy a embarcarme en un análisis marxista e histórico del fenómeno del Hallyu y las industrias creativas coreanas, pero mi punto lleva al núcleo de lo que conversamos con Cata en el podcast: feminismo y relaciones parasociales.

Female Gaze, feminismo e idolatrar a hombres

Ser parte de un fandom tiene numerosas ventajas, como el sentido de pertenencia, comunidad, creación de redes de apoyo y promoción de la creatividad, también es importante advertir aspectos problemáticos, destacando los conflictos entre fandoms, ciberviolencia, obsesión y relaciones parasociales perjudiciales.
Como mujeres y feministas es inevitable sentir culpa, como lo hemos abordado en otros episodios del podcast y actividades, así como en un post anterior.
¿Dónde están las feministas? Como si no tuviéramos una lista interminable de problemas y cosas por las cuales preocuparnos, debemos responder como "buenas feministas" a cada proceso e hito sociopolítico, abrazar nuestras contradicciones y cuestionarnos desde que despertamos hasta cuando nos vamos a dormir. Sinceramente, ser feminista cansa, porque no solamente vez todo de forma mucho más crítica para el resto de tu vida, sino que debes responder a las expectativas del entorno y las propias, y hemos hablado bastante sobre eso en esta sexta temporada del podcast...aprovecho de recomendarles el episodio T06E91 llamado "Placeres culpables", porque en cierta forma y en ciertos momentos, ser fangirl aún lo es para nosotras.
Perdóname feminismo cada vez que grito de forma desquiciada en un concierto cuando un idol se saca la camisa, me causa ternura y admiración haciendo lo más mínimo, lloro cuando canta y gasto más de lo que debería.
Pienso que como feministas es un debate que debemos dar, por ejemplo, sobre la sexualización, cosificación, salud mental, los estándares de belleza y más. Al pensar en la función de las conexiones parasociales y las fangirls del K-Pop, el feminismo también entra en escena. Si bien es alentador ver a las mujeres abrazar su feminidad y tomar el control de su sexualidad en el K-Pop, es igualmente fundamental reconocer y combatir las formas en que las estrellas femeninas son frecuentemente cosificadas y sexualizadas por la mirada masculina.
Además, el K-Pop ha sido criticado por apoyar ideales dañinos sobre la imagen corporal y por reforzar estándares de belleza muy específicos e inalcanzables. En lugar de tratar a las idols como meros objetos de deseo, debemos alentarlas y apoyarlas por su talento y dedicación.
Por otro lado, también es justo que nos permitamos dar rienda suelta a nuestras emociones, porque 1) no le estamos haciendo daño a nadie; 2) el ocio, la diversión y expresarnos abiertamente son aspectos humanos que se nos han negado desde los orígenes de la humanidad; 3) para muchas es un elemento importante para mantenernos con una vida medianamente funcional en esta sociedad que parece más cerca de colapsar cada día.
No quiero pedirle perdón al feminismo todo el tiempo, porque es cansador, autoflagelante, y la culpa no nos deja ser libres, tomando en cuenta que ese "feminismo" no es monolítico y no es una persona que dicte cada uno de nuestros pensamientos y acciones. Ser fangirl de K-Pop no me hace antifeminista e incluso puede ser una herramienta muy poderosa para debatir sobre feminismo.
Sin embargo, a veces pienso de forma contrafactual, por ejemplo, si mi vida sería más austera, fácil o llevadera si no fuese fan de K-Pop. No puedo evitar pensar en quienes me ven y me leen, especialmente colegas y amigues que no son fans, y que estoy haciendo el ridículo todo el tiempo llorando por hombres que no me conocen y que tampoco yo conoceré realmente sin mediar una pantalla o una reja en un estadio, así que intento alejar esos pensamientos intrusivos de mi mente.
Como mujer heterocis, se suma mi análisis introspectivo y de cientista social, porque ser feminista y cientista social me hace ser insoportable e incapaz de disfrutar las cosas en paz, sobre la representación en los medios, los ideales y proyecciones que hacemos en las celebridades, y nuestras propias experiencias con los hombres. Es conocido el fuerte componente de female gaze presente en el K-Pop y los K-Dramas, y siendo los hombres tan decepcionantes e idealizar en tus momentos libres ser la protagonista de una historia de amor, es casi imposible escapar al tornado emocional que esto produce, más aún si le agregamos el sinfín de aplicaciones y redes sociales que permiten interactuar con estos idols en tiempo real.
Sabemos que, ante todo, son hombres en una sociedad e industria aún muy conservadora y machista, y seres humanos con virtudes y defectos, pero el "efecto halo", la añoranza y la creencia de que tu idol nunca te abandonará hacen que nos olvidemos de que son como todes nosotres.
Los K-dramas y el K-pop se han vuelto cada vez más populares en todo el mundo y ciertamente pueden tener un impacto en la forma en que vemos a los hombres y las relaciones románticas. Los K-dramas a menudo retratan personajes masculinos con profundidad emocional y vulnerabilidad, las historias enfatizan el desarrollo personal y nos puede ayudar a buscar relaciones románticas de amistad en la misma línea, y en el K-Pop es muy común que se ponga acento en las experiencias de trabajo duro, superación y ambición para cumplir los sueños.
No obstante, la mayoría de los K-dramas (aunque he notado que está cambiando poco a poco), refuerzan los roles de género en las relaciones románticas donde el hombre protege a la mujer, lo cual me hace disfrutarlos como entretenimiento, pero no como un ideal en mi vida, y es ahí donde el feminismo se vuelve fundamental. El feminismo se opone a las normas de género que se han impuesto tanto a hombres como a mujeres, y en lugar de ajustarse a los estándares convencionales, alienta a las mujeres a identificarse en función de sus propios intereses y objetivos, permitiéndonos establecer relaciones que son más significativas y satisfactorias y que se basan en el respeto y la comprensión en lugar de estereotipos de género anticuados.
Las mujeres somos capaces de reconocer la variedad de hombres y las experiencias que han moldeado su vida a través de la mirada femenina, y cuestionar los modelos de masculinidad nos permite reconocer la diversidad y los matices de las experiencias de los hombres y dejar atrás las representaciones restringidas de la masculinidad que se muestran con frecuencia en el cine y televisión occidental.
A nivel de imagen y expresión personal, Corea tiene su propio modelo de masculinidad y su cultura tiene estrictos estándares de belleza, contando la industria del Kpop con medidas aún más duras, como la complexión delgada, pero algo musculosa, rasgos suaves, piel perfecta sin poros visibles, cabello perfecto y una expresión que combina lo inocente y lo sensual. Algunos idols escapan del status quo de la belleza masculina ideal, llevando a la erosión de los límites tan estrictos y redefiniendo "lo atractivo".
En lugar de conformarnos con menos de lo que merecemos, somos más capaces de subir nuestros estándares, reconocer y buscar relaciones que sean sustentadoras y gratificantes. Para mí, el foco debe estar en el feminismo y no en el K-pop y los K-dramas, porque tener expectativas casi irreales puede incluso obstaculizar que conozcamos y establezcamos vínculos valiosos a nivel romántico con una persona.
Las relaciones unilaterales conocidas como parasociales ocurren cuando les fans sienten una familiaridad y cercanía con sus idols, aunque en realidad nunca los hayan conocido ni los conocerán en profundidad. Las redes sociales y otras plataformas le dan a los fandoms acceso a la vida privada de sus idols, lo que fomenta este tipo de relaciones, que se basan en un sentimiento de familiaridad y compromiso emocional.
Siempre digo que, lamentablemente, un idol es un bien de exportación y consumo, y eso lleva a que no solamente sus agencias y gobierno lo trate como un juguete producido en masa que no solo debe ser perfecto, sino que es reemplazable, también sus fans lo consideran como una propiedad eterna.
Las empresas promueven estas relaciones parasociales a través de la presencia íntima permanente y diversos rituales que profundizan el "vínculo" más allá de los videos musicales, programas y conciertos, como fanmeetings, fancalls, hitouch y transmisiones en vivo, lo cual también responde a la añoranza de las personas de querer amar y se amades. Al ser parte de un fandom con un nombre, códigos e identidad particular, las personas se sienten parte de un colectivo al cual su(s) idol(s) reconoce, haciendo la relación más "real" de lo que es.
Cahyani y Purnamasari (2018) señalan que ser fangirl a un nivel muy intenso es similar a la adicción, produciéndose un círculo vicioso de estímulos, mayor inversión de nuestra vida con la figura del idol, al punto que se siente como un amigo cercano al cual debemos dedicar todos de nosotras mismas. La relación parasocial será entonces una relación imaginada unidireccional de fans hacia los Idols que incluye sentimientos y comportamientos obsesivos, llegando incluso a poner en peligro nuestra integridad y la de otras personas, ya sea otres fans y los mismos Idols.
Personalmente, siempre he sido una agradecida con el Kpop y los artistas que le dan vida, nunca he sentido que me deban nada y si bien me hace feliz que lo sea, y también puedo sentir tristeza ante sus adversidades, no dejo que me definan como persona. Por supuesto, no puedo evitar sentirme culpable al pensar en lo que deben experimentar día a día y que, como no existe consumo ético bajo el capitalismo, formo parte de esa cadena de explotación y no puedo hacer mucho más para apoyarles, así que supongo que mi aporte es ser una fan crítica, educarme y reflexionar constantemente, al mismo tiempo que converso, investigo y educo al respecto.

Cuando el fanatismo va demasiado lejos se vuelve violento...y antifeminista

Si bien puedo sentir casi una conexión metafísica con algunas de estas personas y claramente son expresiones elementos personales y profesionales/intelectuales, pienso que es necesario poner en evidencia como muchas mujeres idealizan tanto a las celebridades que llegan a pelear y defender a sus idols a niveles peligrosos (no me hagan empezar con casos como el Seungri y The Burning Sun, y Kris Wu, solo por nombrar algunos), infantilizándolos, los maternándolos al querer protegerlos del mundo cruel como si fuesen sus hijos, haciendo verdaderos espectáculos de "trauma dump" cada vez que pueden y deshumanizándolos al punto de acosarlos y llegar a dañarlos si rompen la "promesa" de estar solteros para siempre.
Al mismo tiempo, pienso que otro elemento central de mi historia buscando desmarcándome de la etiqueta de "fangirl" junto con el cuestionamiento de la inteligencia y madurez emocional, es la violencia a la que lleva la obsesión de ciertas personas que toman la vida y carrera de sus idols como su propósito en la vida, al nivel de una "guerra santa" a la que son llamadas a combatir.
Es problemático cuando les fans, por intentar "proteger y reivindicar a sus idols", muestran tendencias obsesivas, se involucran en la violencia, especialmente cyberbullying, y pierden todo sentido de la realidad.
El llamado "acoso cibernético", que va desde insultos hasta el acoso sistemático, el doxing y discursos de odio, puede causar mucho daño a nivel físico, mental e incluso profesional en las víctimas. Pienso que esto no solo va en contra de los "buenos valores" que usualmente el K-pop y grupos en específico promueven (en ese sentido, quienes lo hacen están contradiciendo lo que idols representan, siendo malas fans), sino que perpetúa el conjunto de prejuicios hacia les fans de K-Pop y es un tema grave que debe ser tomado en serio.
Muchas personas pueden tener expectativas irracionales sobre las personas a las que admiran y las interacciones que tienen con ellas. Si sus idols no cumplen con sus expectativas o si creen que no están a la altura de sus estándares imaginados, puede causar sentimientos de decepción, frustración e incluso furia y violencia. Estas personas no respetan sus propios límites personales y los idols, y al perder el contacto con ellos por alguna razón, verse extremadamente afectada por una situación que le ocurre a un grupo o miembro, puede afectar la forma en que se relacionan con otras personas y lo bien que pueden llevar su vida cotidiana, llevándoles al aislamiento social, deterioro en la salud mental y la disminución del rendimiento académico o profesional.
Es aceptable que les fans tengan emociones intensas y un fuerte apego a sus idols, pero es fundamental tener en cuenta que el fanatismo saludable debe basarse en el respeto, la admiración y un sentimiento de comunidad en lugar de acciones destructivas que pueden dañar tanto a múltiples personas.
Los valores y objetivos fundamentales del feminismo son incompatibles la cultura de la violencia y opresión hacia otras personas de forma injustificada, incluido el ciberacoso, que promueve finalmente una sociedad aún más opresiva y violenta. Las conductas violentas mantienen las disparidades de poder y fomentan estereotipos negativos, lo que es contrario a los objetivos del feminismo, que aspira a la igualdad, equidad y la justicia para todas las personas.
Las mujeres y grupos históricamente oprimidos debemos alentarnos y apoyarnos mutuamente en lugar de buscar destruirnos porque no estamos de acuerdos en algún tema tan importante para el desarrollo global en medio de una crisis estructural pospandemia como si otro grupo le ganó a otro en un programa de música, considerando que tradicionalmente las mujeres hemos sido desfavorecidas y maltratadas. Cuando una mujer violenta a otra mujer, especialmente por hombres que no se casarán con nosotras, refuerza las relaciones de poder negativas y margina aún más a otras mujeres y grupos marginados.
Además, los fandoms de K-pop tienen una presencia grande e influyente especialmente en internet, y el comportamiento de les fans puede tener un impacto significativo en la cultura que rodea al K-pop. Debemos promover una cultura de respeto, amabilidad e inclusión dentro de los fandoms, apuntando reforzar espacios más seguros y solidarios para todes, en lugar de perpetuar dinámicas de poder dañinas y reforzar estereotipos negativos.
Si bien no se trata de dejar pasar las injusticias y trabajar por mejorar la industria y la cultura de los fandoms, deberíamos usar esa energía, canalizar esa rabia, tiempo y otros recursos en defendernos a nosotras mismas y a otras mujeres y disidencias contra las injusticias y violencias sistémicas y diarias del patriarcado.

Hacer la revolución con el puño arriba y haciendo un corazón con la otra mano

¿Podría el K-Pop ser subversivo y revolucionario? Nunca me lo había preguntado hasta que apareció en varios titulares de prensa y mi teléfono no paraba de sonar pidiéndome entrevistas y leyendo la prensa en general. Más allá de las peleas en redes sociales, la comunidad K-Pop es pacífica y las personas están plenamente conscientes de lo que está mal en nuestro país y me hace feliz que usen las herramientas que tienen para hacer activismo y demandar mejores condiciones de vida para todes.
Todo esto se hizo más claro tras el 18 de octubre de 2019, el llamado "estallido social" y en la campaña presidencial de la segunda vuelta en noviembre-diciembre de 2021, cuando espontáneamente nació y explotó Kpopers por Boric, donde todo ese miedo se transformó en una fuerza movilizadora para defender la democracia. Haber participado activamente en ello me hace sentir muy orgullosa, porque reivindicamos aquello por lo cual recibíamos burlas y nos empoderamos mutuamente para que cada persona usara sus talentos y recursos para hacer la diferencia, porque todes fuimos y somos valioses.
Por supuesto que trato de buscar respuestas a ciertas conductas que he tenido en mi viaje con el Hallyu, pero sería caricaturezco e injusto afirmar que ser fan es para almas en desgracia. Sí, nos hace felices y en muchos casos a ser mejores personas, encontrar amigues y tener sueños por los cuales levantarnos de la cama cada día, pero como todo en la vida es un aprendizaje.
En ese sentido, creo que el K-Pop si es revolucionario para muchas personas y lo ha sido para mí también. Gracias al K-Pop me he encontrado a mi misma y he avanzado en mi autoconocimiento, he aprendido cosas que nunca esperé, conocido a personas de muchos países, he gritado, llorado, ha sido una fuente de creatividad y acción para las actividades y proyectos del Club de Té, me volví menos temerosa del mundo y he podido cruzar el mundo varias veces, y me esforcé mucho para que fuese parte de mi trabajo como académica e investigadora.
Algo hermoso que descubrí en estos años es que donde no importa cómo te ves, cuáles son tus intereses, orígenes y experiencias, todes podemos tomar como referencia las imágenes y discursos de Idols que nos parecen fuertes y poderoses, y nos inspiran a desarrollarnos personalmente y movilizarnos políticamente. Para mi reinvidicar eso era y es todavía una cuestión política importante, y ya todo el mundo, incluyendo mis estudiantes y colegas me reconocen fanática del K-Pop porque es parte de mí y hace años decidí que nunca más me sentiría avergonzada al respecto.
Asimismo, me di cuenta de que está bien ser yo misma y que las malas experiencias que he vivido no tienen mucho que ver con el K-Pop en sí, y he podido crear vínculos de amistad con las personas correctas, aprender de mis experiencias y compartirlas.
Ser una fan del K-Pop puede ser una experiencia desafiante que requiere hacer malabarismos con las preocupaciones del feminismo y los límites de las relaciones parasociales. Les fans debemos dar lo mejor para construir una comunidad K-Pop más acogedora e inspiradora al empoderar a los idols en función de sus habilidades y logros en lugar de verlos como objetos de deseo.
Lo cierto es que ser fangirl debería hacernos felices, motivarnos a ser mejores cumplir nuestros sueños y que debemos ser respetadas no solo por actos de caridad, justicia social o cuando somos una fuerza política de temer en una elección, sino porque somos personas.

Recuerda escuchar nuestro podcast Té con Sorité en todas las plataformas, como Spotify, Apple Podcasts, Google Podcasts
y Amazon Music

Fuentes:
- Dini Cahyani y Yulia Purnamasari (2018). Celebrity Worship on Early Adult K-Pop Fangirling.Advances in Social Science, Education and Humanities Research (ASSEHR), volumen 304, pp. 167-170.